La decadencia de la exploración espacial tripulada

En su weblog personal, Mark Wade, el webmaster de Encyclopedia Astronautica (un sitio excelentemente documentado, recurso indispensable para todos aquellos interesados en los proyectos espaciales del pasado, el presente y el futuro) esgrime algunos argumentos interesantes respecto a la interminable polémica, hoy más vigente que nunca, entre los impulsores de la exploración espacial mediante tripulaciones humanas y los partidarios del uso de robots y sondas automáticas.

«Cuando Von Braun y Korolev soñaron con estaciones orbitales tripuladas y expediciones a otros planetas, no había otra forma práctica de lograrlo; serían seres humanos los que tendrían que navegar y guiar esas naves. En la década de 1950, simplemente no parecía posible que pudieran construirse máquinas lo suficientemente complejas y capaces de funcionar sin fallas durante los prolongados vuelos interplanetarios. Incluso durante los alunizajes de las misiones Apollo, todavía resultaba un argumento relativamente válido el hecho de que los astronautas podían realizar muchas más tareas que los primitivos robots de la época. Sin embargo, ya en el siglo 21, resulta bastante claro que los seres humanos no son la mejor opción para explorar la Luna o los demás planetas. En la actualidad pueden desarrollarse misiones robóticas para efectuar las mismas tareas que los humanos, y muchas otras, por una mínima fracción del costo de las iniciativas de exploración espacial tripulada».

Este no es un detalle menor. Mientras algunas tecnologías relacionadas, como la computación, la microelectrónica y la robótica, han experimentado un crecimiento exponencial, todavía no se han producido avances significativos respecto a los medios de acceso al espacio, que permitan abaratar los costos asociados y hacerlo mucho más accesible. Supuestamente, esa fue la principal razón que llevó a la NASA a desarrollar el transbordador espacial en la década de 1970. Sin embargo, como comenta Wade:

«Hemos presenciado la evolución del transbordador, de ser proyectado como un medio de acceso al espacio de bajo costo y totalmente reutilizable, a su realidad actual como un medio de acceso al espacio carísimo y difícilmente reutilizable. La NASA continúa llevando adelante su orgullosa tradición de poner kilogramos inútiles de masa en órbita terreste, a un costo de más de 20.000 dólares por kilogramo. Las 117 misiones del transbordador han enviado a la nave en sí misma, con una masa de casi 120 toneladas, a la órbita terreste y luego de nuevo a tierra firme. La carga útil neta en cada misión ha sido sólo un 20% del total. Esto significa que la NASA ha orbitado más de 10.000 toneladas de carga (el transbordador en sí mismo) y las ha traído de vuelta a nuestro planeta. El único propósito de semejante despliegue ha sido el de poder reutilizar los motores del transbordador. Sin embargo, esos motores han resultado ser tan costosos y difícilmente reutilizables, que hubiera sido más barato instalar en su lugar motores descartables J-2 o M-1 nuevos tras cada lanzamiento. Piénsenlo: 10.000 toneladas, más que suficientes para poner en órbita un crucero. ¡Imaginen las estaciones espaciales, las bases lunares, las expediciones a Marte en las que podría haberse traducido semejante peso!»

Después de todo, quizás la apatía generalizada hacia el vuelo espacial tripulado no está directamente relacionada con la superioridad de las opciones de exploración robótica disponibles actualmente, sino con las desafortunadas elecciones que ha realizado la NASA a lo largo de los años. Ningún ser humano se ha aventurado más allá de la órbita terrestre desde 1972, y difícilmente pueda considerarse al transbordador y la ISS, iniciativas costosísimas, como la infraestructura de un programa activo de exploración espacial.

Lamentablemente, como reporta Emily Lakdawalla en el weblog de la Sociedad Planetaria, a pesar de haber modificado el rumbo de su programa espacial tripulado luego de la tragedia del Columbia en 2003, la NASA ha vuelto a cometer el error de recortar profundamente el presupuesto de sus misiones científicas robóticas (y cancelar otras muy esperadas, como el Europa Orbiter y el Terrestrial Planet Finder) con tal de poder financiar la operación del transbordador y la ISS en forma simultánea con el desarrollo del CEV y sus planes de exploración lunar. Por lo pronto, la agencia espacial estadounidense parece haberse olvidado de sus planes, nunca demasiado definidos, de enviar humanos a Marte…

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