El largo retorno a la Luna… ¿y Marte?

Una nueva iniciativa de exploración lunar, presentada recientemente por el administrador Michael Griffin, involucra el reinicio de los viajes tripulados de la agencia espacial estadounidense hacia la Luna en el año 2018, como preparación necesaria para las futuras misiones humanas a Marte. Sin embargo, hasta el momento, el anuncio ha despertado escasas opiniones a favor y muchas más en contra.

El desastre del Columbia, que se desintegró al reingresar en la atmósfera terrestre el 16 de febrero de 2003, sumado a la explosión del Challenger en 1986, terminó de dejar en claro que los transbordadores son un sistema de transporte sumamente complejo y definitivamente riesgoso. Por eso, poco después de la tragedia, el presidente George Bush ordenó a la NASA el diseño de un nuevo plan de exploración de la Luna y eventualmente Marte, que implicará dejar de utilizar la flota actual de tres transbordadores (Discovery, Atlantis y Endeavour) antes del año 2010, una vez que se haya finalizado la construcción de la Estación Espacial Internacional en órbita terrestre.

Particularmente, el diseño de los nuevos vehículos e impulsores, que serán desarrollados para cumplir con las futuras misiones lunares y marcianas, es el que despierta las mayores controversias.

Para empezar, la configuración elegida por los ingenieros de la NASA involucra la reutilización de muchos de los elementos actualmente en uso en los transbordadores espaciales; todos los expertos coinciden en que, lejos de representar un ahorro de tiempo o costos de desarrollo, esa elección se basa en razones puramente políticas, y tiene como único fin el evitar los numerosos despidos de personal y cierres de plantas de producción que ocurrirían cuando el programa de los transbordadores llegue a su fin, tanto en la NASA como en sus contratistas privados.

En relación a las nuevas cápsulas, que transportarán a cuatro astronautas hasta la superficie lunar, las críticas apuntaron a su notable parecido con las naves Apollo originales, que de 1969 a 1972 llevaron a los primeros seres humanos a la Luna. Las autoridades de la NASA fueron rápidas en aclarar las ventajas de las que gozará el diseño de estas flamantes naves, derivadas de casi cuarenta años de adelantos tecnológicos. Sin embargo, esto no deja de llamar la atención de muchos especialistas, según los cuales la agencia espacial estadounidense, teniendo a su disposición toda la tecnología necesaria, podría volver a la superficie lunar mucho antes de 2018, y de manera mucho más innovadora.

A pesar de las seis misiones Apollo, que retornaron a nuestro planeta con casi media tonelada de rocas lunares, y de las numerosas sondas estadounidenses y soviéticas que la visitaron, todavía quedan muchos interrogantes por responder sobre la Luna, particularmente relacionados con el proceso de su formación. La teoría más aceptada en la actualidad indica que nuestro satélite natural se creó por el impacto de un protoplaneta del tamaño de Marte contra la Tierra, poco después de su formación.

Muchos se preguntan si la exploración lunar, que en realidad podría reanudarse a un costo mucho menor en forma robótica, realmente servirá para desarrollar las habilidades y tecnologías necesarias para emprender la primera expedición tripulada hacia Marte.

Otros, por el contrario, creen que el retorno a la Luna distraerá tiempo y dinero de la iniciativa de exploración marciana, alejando todavía más la fecha en la que, por primera vez, un ser humano deje sus huellas en la superficie de Marte.

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